Personajes imperfectos ¿Por qué nos gustan tanto?


He leído libros donde algunos personajes parecen ser perfectos. El novio perfecto, la amiga perfecta o incluso la prota perfecta. Son esos personajes que saben qué hacer en el momento preciso, no se equivocan en nada, todo lo hacen bien y son perfectamente atractivos físicamente. Y luego están los otros, los personajes imperfectos.

Los que meten la pata, los que creen estar haciéndolo bien y resulta que más adelante en la historia tienen un resultado fatal. Esos que dicen: «yo nunca haría eso» y cinco capítulos después ahí están, haciéndolo. Curiosamente, suelen ser los que más recordamos.

¿Por qué nos gustan tanto los personajes imperfectos?

¿Por qué nadie quiere leer sobre alguien que nunca se equivoca?

Hay algo ligeramente sospechoso en un personaje que siempre sabe qué hacer. No importa cuánto drama tenga alrededor: encuentra las palabras adecuadas, toma la decisión correcta, pone límites cuando corresponde, sabe cuándo marcharse y, si se equivoca, aprende la lección inmediatamente.

Qué maravilla, pero puede ser agotador. Porque una de las cosas que buscamos cuando abrimos un libro es poder reconocernos. Y las personas reales no funcionamos así. A veces sabemos perfectamente que estamos tomando una mala decisión y la tomamos igualmente. A veces ignoramos todas las señales y, otras veces necesitamos que nos rompan el corazón dos veces para entender algo que nuestra mejor amiga ya nos había explicado en una conversación de tres horas. Y, sinceramente, eso también es material literario.

Los defectos hacen que un personaje parezca humano

Edward Cullen, personaje de la saga Crepúsculo, interpretado por Robert Pattinson

Este título me hace pensar directamente en uno de los personajes más perfectos que conozco: «Edward Collen». Es el epítome del «novio perfecto» de la literatura juvenil de los 2000. Tiene una belleza sobrehumana, modales de otra época, toca el piano como un profesional, es millonario, lee mentes y es un protector absoluto. Pero, precisamente es su naturaleza vampírica lo que lo hace tan perfecto. Ahí el buen contraste se hace notar dejando claro que NO ES DE HUMANOS tanta perfección.

Por otro lado, un buen personaje no necesita tener veinte defectos porque sí. La imperfección interesante aparece cuando los defectos tienen consecuencias. Cuando la «inseguridad» afecta una relación, por ejemplo. Ahí es cuando empieza lo interesante. Porque ya no estamos leyendo simplemente sobre «una chica imperfecta». Estamos leyendo sobre alguien que intenta vivir con las herramientas que tiene.

Son los auténticos personajes imperfectos. Y eso se parece bastante más a nosotros.

Una protagonista no tiene que ser ejemplar para ser inolvidable

Creo que hemos confundido algunas veces dos conceptos: una protagonista que nos gusta y una protagonista que admiramos.

No son necesariamente lo mismo. Podemos querer muchísimo a un personaje y pensar: «Amiga, por favor. Deja de hacer esto.» Intentamos entender sus razones sin justificar sus decisiones. Incluso llegamos a sentir empatía y, al mismo tiempo, querer zarandearla un poquito.

Y ahí aparece algo que me encanta de la ficción: no tenemos que estar de acuerdo con un personaje para querer seguir leyendo sobre él. De hecho, a veces ocurre justo lo contrario. Cuanto más nos incomoda, más queremos entenderlo y finalmente más se queda grabado en nuestra memoria.

Lo interesante está en las contradicciones

Este punto me parece especialmente importante.

Los seres humanos somos contradictorios. Mostramos una seguridad aplastante en el trabajo y una inseguridad desgarradora en el amor. Solemos aconsejar a nuestros amigos exactamente lo que somos incapaces de aplicar en nuestra vida. Decimos haber pasado página con un amor del pasado mientras entramos «un segundo» a revisar aquel chat. También pasa que queremos muchísimo a alguien y, al mismo tiempo, necesitamos poner distancia.

Un día somos valientes y al siguiente salimos corriendo. Entonces, ¿Por qué nuestros personajes deberían ser más coherentes que nosotros? Las contradicciones hacen que un personaje tenga capas. Y también hacen que nos hagamos preguntas.

Y después están los personajes que toman malas decisiones: Nuestros queridos personajes imperfectos

Belly Conklin, protagonista de El verano en que me puse guapa, interpretada por Lola Tung

Aquí entramos en terreno peligroso, porque hay una diferencia enorme entre un personaje imperfecto y uno mal construido. Si una protagonista toma una mala decisión porque su personalidad, sus experiencias y sus emociones la llevan hasta ahí, somos capaces de entenderla aunque nos desespere. Pero si toma una decisión absurda simplemente porque la historia necesita un conflicto… se nota. Y cuando se nota, salimos inmediatamente de la historia.

Por eso creo que la imperfección necesita algo fundamental: coherencia. Un personaje se equivoca, actúa con egoísmo, demuestra inmadurez o se mueve desde el miedo. Incluso es capaz de hacer algo que como lectores consideramos imperdonable. Pero para que funcione, necesitamos comprender cómo llegó hasta ahí.

Es mejor ver cómo cambian, no que nazcan aprendidos

Una de las cosas más bonitas de acompañar a un personaje durante una historia es verlo cambiar. Pero evolucionar no implica convertirse en alguien radicalmente distinto; suele tratarse de aprender una lección, aceptar una verdad dolorosa o dejar de huir de una vez por todas. En ocasiones, incluso supone tropezar de nuevo, aunque sea de forma diferente. Al fin y al cabo, el crecimiento personal no funciona como una actualización de software: no te despiertas un martes en versión 2.0 solo porque ayer entendiste algo importante. Ojalá fuera tan fácil. La verdadera transformación siempre es mucho más desordenada.

Quizá por eso nos reconocemos tanto en ellos

Creo que una de las cosas que más me interesan cuando escribo es precisamente esa: encontrar el punto en el que un personaje deja de parecerme un personaje y empieza a parecerme una persona.

Ese momento en el que pienso: Ay, no. No hagas eso. Y después me doy cuenta de que, precisamente por eso, quiero saber qué va a hacer.

Quizá por eso me interesaba tanto escribir una historia como Elisa la ilusa. No quería construir una protagonista que tuviera todas las respuestas. Quería acompañarla mientras crecía, se equivocaba, descubría cosas y, sobre todo, mientras intentaba entenderse a sí misma.

Entonces, ¿queremos personajes imperfectos?

Queremos algo todavía más concreto: personajes capaces de despertar emociones reales. Buscamos que nos desesperen, nos arranquen una carcajada o nos recuerden a alguien cercano; que nos provoquen ese pensamiento de «yo también cometí ese error» y nos obliguen a cerrar el libro treinta segundos para procesar una decisión. Nos gusta que generen debate con amigas y nos hagan cambiar de opinión sobre ellos a medida que leemos. Nos gusta el romance realista que nos hace encontrarnos con nuestras propias experiencias. Al final, no buscamos la perfección, sino la credibilidad. Y entre una protagonista intachable y otra que se parece demasiado a esa amiga que todos tenemos… yo sé de sobra con cuál me quedo.

Ahora te toca a ti:

  • ¿Qué defecto hace que conectes más con un personaje?
  • ¿Que sea inseguro? ¿Impulsivo? ¿Orgulloso? ¿Que tome malas decisiones? ¿Que se equivoque en el amor?
  • ¿Qué personaje literario te ha hecho pensar alguna vez «te entiendo, pero por favor deja de hacer esto»?
  • ¿Cuéntame cuáles son esos «personajes imperfectos» que más te identificaron?

Te leo.

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