¿Es mejor estar con alguien por lástima que rechazarlo? Cuando decir que no parece más cruel

Empiezo este artículo admitiendo que: hay rechazos que cuestan, pero ¿es mejor estar con alguien por lástima que recharlo?

Existen esas situaciones amorosas donde puede influir un factor externo que nos deja contra la espada y la pared. Aunque la persona no sea lo que realmente queremos, no parezca nuestra pareja ideal o no sea nuestro tipo.

Si ya has sufrido un rechazo sabes cuanto puede doler que te digan: «NO. YO PASO». Y entonces, cuando estamos en el otro lado de la moneda aparece esa idea que, aunque pueda parecer bienintencionada, puede meternos en un problema bastante más grande:

«Quizá debería darle una oportunidad para no hacerle daño».

El problema es que una cosa es darle una oportunidad a alguien porque realmente existe la posibilidad de que pueda surgir algo. Y otra muy diferente es empezar o mantener una relación porque nos da pena rechazarlo. Porque creemos que decir que no será demasiado doloroso y empezamos sentirnos culpables.

Nunca queremos ser «la persona que le rompió el corazón a alguien». Y aquí empieza la parte incómoda. ¿De verdad estamos evitando hacerle daño o simplemente estamos retrasando el golpe?

Decir que no también puede doler

Nos han enseñado a pensar que rechazar a alguien es hacerle daño. Y, en cierto modo, claro que puede doler.

Que alguien nos diga que no siente lo mismo que nosotros puede ser una experiencia bastante desagradable. Sobre todo cuando estamos ilusionados y hemos construido expectativas alrededor de esa persona.

Pero hay una diferencia importante entre hacer daño con un rechazo honesto y mantener una relación que no queremos para evitar ese rechazo.

Entonces surge la pregunta: ¿Es mejor estar con alguien por lástima que rechazarlo? El segundo puede doler. El primero puede terminar doliendo muchísimo más.

Porque cuando aceptamos estar con alguien sin sentir realmente lo mismo, la otra persona cree que existe algo que nunca ha existido, y posiblemente nunca existirá.

Y cuanto más tiempo pasa, más expectativas construye. Lo que al principio pretendíamos evitar —hacerle daño— puede terminar convirtiéndose precisamente en aquello que provocamos. Solo que más tarde. Y probablemente con más consecuencias.

¿Qué te puede llevar a estar con alguien por lástima?

«No quiero romperle el corazón»

Esta frase puede parecer muy romántica. Incluso generosa. Pero también puede esconder una realidad bastante menos bonita: no queremos sentirnos culpables. Esa puede ser una de las principales razones para aceptar estar con una persona que no queremos de verdad.

Otra razón muy común —y es precisamente la que tiene que vivir «Elisa» en mi primera novela— es la de sentirse presionado. La presión de grupo suele un factor comprobado durante la etapa académica para empezar una relación con alguien sin sentir absolutamente nada por esa persona.

También hay un tercer motivo y es la curiosidad. Esa curiosidad que nace con la siguiente pregunta: ¿Y si acepto para ver si acaba surgiendo algo? Esta situación es diferente. Porque sí existen relaciones en las que el amor no aparece inmediatamente. Hay personas que se conocen poco a poco y descubren que aquello que empezó como amistad, curiosidad o atracción acaba convirtiéndose en algo mucho más profundo.

Pero hay una diferencia entre no saber todavía qué sientes y saber perfectamente que no quieres estar con esa persona.

Lo complicado es aceptar que no podemos evitar todo dolor

Quizá el verdadero problema es que intentamos vivir las relaciones buscando no hacer daño, lo cual es noble, pero imposible de garantizar siempre. Tarde o temprano, alguien se sentirá decepcionado por una decisión nuestra, tendremos que decir que no o nos tocará terminar un vínculo aunque la otra persona prefiera continuar; sin embargo, esto no nos convierte automáticamente en malas personas. Una relación jamás debería sostenerse únicamente para evitar el sufrimiento ajeno.

Por eso, resulta vital detenerse a mirar hacia adentro y responder con valentía: ¿qué estoy sintiendo yo?, ¿quiero realmente estar aquí?, ¿estoy eligiendo esta relación o solo intento evitar la culpa? Son preguntas incómodas, pero sin duda, muchísimo más honestas.


Y ahora te toca a ti compartir tu opinión sobre este tópico que puede resultar incómodo y hay una pregunta que me interesa especialmente:

¿Crees que es peor rechazar a alguien y romperle el corazón o aceptar estar con esa persona sabiendo que no sientes lo mismo?

Y una segunda, todavía más incómoda:

¿Alguna vez has dicho que sí simplemente porque te daba miedo decir que no?

Te leo en comentarios.

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